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jueves, 17 de diciembre de 2009

El Superlujo Oriental conquista Barcelona




Posiblemente ningún banquero de los que trabajaba en 1955 en la sede del Banco Hispano Americano (pr
opiedad del grupo andorrano Reig Capital Group) en el centro de Barcelona pensó que 54 años después se transformaría en último super hotel abierto en la ciudad, en menos de dos meses se han inagurado dos hoteles de 5 estrellas. El Mandarin Oriental Barcelona es una firme apuesta si tenemos en cuenta los tiempos que corren del grupo Mandarin Hoteles, una cadena que cuenta con más de una veintena de hoteles de superlujo repartidos por todo el mundo.

La filosofía del hotel basada en un lujo no agobiante ni ostentoso y dirigido sobretodo a conseguir un trato de alto nivel hacía los clientes hace que a pesar de ser un hotel urbano tenga un carácter embaucador y cercano. Además, el hotel esta también enfocado a que no solamente los turistas hagan uso del mismo sino también la población local.
Con más de 1000 metros cuadrados de Spa y cuidando hasta el último detalle, estas instalaciones se convierten en la excusa perfecta para darle un capricho al cuerpo.

Otras instalaciones como el restaurante "Moments" de la cocinera catalana más televisiva y premiada con tres estrellas Michelin Carmen Ruscadella junto con el gran jardín-patio interior de Beth Figueras y la terraza en la última planta con una piscina panorámica y unas vistas extraordinarias de la ciudad hacen tentadora la visita aunque solo sea para tomarse un vermouth y para los que deseen o mejor dicho para los puedan pasar la noche, la tarifa mínima es de 265 euros la habitación doble.


Con una ocupación importante durante las primeras semanas, el hotel espera que uno de sus puntos fuertes como es su ubicación en el Paseo de Gracia, haga que la cuesta de enero no sea tan pronunciada. Los clientes principales son los ingleses que son los fans número uno de la marca, seguidos de los americanos y rusos. El hotel ha creado 130 puestos de trabajo directos, pero la creación de empleo ya no convence, al menos a unos cuentos, que desde hace algunos años critican la transformación de Barcelona para y por el turista convirtiendo la ciudad en un escaparate gigante. Ya se sabe aquella frase que dice que Barcelona es bona si la bossa sona, por algo será. Aunque si quieren les podemos cambiar el hotel por la térmica de Andorra (Teruel) o la de nuclear de Ascó (Tarragona), nunca se crece al gusto de todos.




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